El próximo 11 de JULIO, estaremos como siempre los PEONES NEGROS reivindicando la verdad sobre lo que pasó el 11 M, y haremos un homenaje especial por el décimo aniversario del vil asesinato a manos de ETA de Miguel Angel Blanco. Acude. A las nueve de la noche en la PLAZA ALTA, junto a la iglesia.
A diez años del asesinato de Miguel Angel Blanco: es la hora de los ciudadanos Toda estrategia terrorista consiste en extender un miedo irracional entre la ciudadanía, creando así las bases de la capitulación de la sociedad ante sus pretensiones. En el caso de ETA, los objetivos consisten en la formación de un estado independiente, sometido a un régimen totalitario, en las provincias vascas, Navarra y el sur de Francia.
Miguel Angel Blanco era un joven de 29 años, concejal de la localidad vizcaína de Ermua. El 10 de Julio de 1997 los terroristas de ETA lo secuestran y amenazan con matarlo si en 48 horas no son trasladados todos los presos de esta banda a las cárceles del País Vasco. Como quiera que no se cedió ante esta extorsión, dos días después el joven apareció abandonado en una cuneta con dos tiros en la nuca.
Ante el secuestro de Blanco, el gobierno de entonces pudo haber caído en la tentación de acceder a las pretensiones de ETA para intentar salvar su vida. Pero, con muy buen criterio, resistió esa tentación ya que la cesión ante semejante chantaje puede salvar una vida a corto plazo pero, a la larga, pone en peligro a muchas más personas. Ante una capitulación, o el simple anuncio de que se puede ceder, los terroristas aprenden que pueden conseguir cualquier propósito mediante la amenaza y la coacción y redoblan sus acciones de secuestro y asesinato. La única forma de combatir la extorsión consiste en transmitir a los terroristas, y a los que les apoyan, la firmeza y la seguridad de que el Estado nunca cederá, convenciéndoles de que todos sus esfuerzos serán inútiles.
¿Sirvió de algo la muerte de Miguel Ángel Blanco? Hasta hace poco, existía la convicción de que su muerte, y el amplio movimiento ciudadano de repulsa que concitó, había logrado aglutinar a amplios sectores sociales y políticos en el rechazo a ETA y difundir la idea de que la firmeza ante el chantaje era la única vía para preservar una sociedad libre. Este movimiento ciudadano, conocido como el espíritu de Ermua, pareció unir a todos los demócratas y propició que, años más tarde, los principales partidos nacionales firmasen un pacto antiterrorista, que comprometía al partido gobernante a una política de firmeza con los terroristas y con sus apoyos. Esta política llevó a ETA a su momento de mayor debilidad, a la ilegalización de su rama política y a la incapacidad de la banda para matar durante bastante tiempo.
Sin embargo, la llegada a la presidencia del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, tras el sangriento atentado del 11 de marzo de 2004, provocó un cambio radical en la política seguida con ETA. Zapatero se mostró de entrada partidario de negociar con la banda terrorista para lograr el fin de la violencia. Otros gobiernos lo habían intentado antes, así que nada nuevo hasta aquí. Con una banda terrorista sumamente debilitada y con muy reducida capacidad de acción tras varios años de acoso policial y judicial, todo el mundo esperaba a un gobierno en posición de fuerza obligando a los terroristas a dejar las armas sin ninguna o muy poca cesión por parte del Estado y de la sociedad. Pero, para sorpresa de todos, Zapatero mostró desde el principio dispuesto a aceptar todas y cada una de las condiciones que los terroristas venían exigiendo desde el principio. Y todo a cambio de un tregua que la organización terrorista rompía cuando lo consideraba oportuno. Nadie ha logrado dar una explicación convincente al hecho de que fuese ETA la que negociase en posición de fuerza y el gobierno de debilidad. Pero las consecuencias han sido nefastas. Finalmente, con los terroristas anunciando la vuelta a los asesinatos, los ciudadando estamos como al principio pero los terroristas han avanzado de forma muy considerable: están presentes en las instituciones, se han acercado más a su pretensión de anexión de Navarra y han obtenido un reconocimiento internacional como parte negociadora, que antes no tenían.
Hoy, día en que conmemoramos el aniversario de la muerte de Miguel Ángel Blanco, es hora de que vuelva a renacer con fuerza el espíritu de Ermua. Los ciudadanos tenemos que estar en la calle para rendir homenaje a este joven y a todos aquellos que fueron asesinados por defender la libertad de todos. Bajo la consigna “en mi nombre ¡no!” debemos aunar nuestras voces para señalar al gobierno que no cuenta con las personas de bien para retomar la negociación en unas condiciones que impliquen una rendición incondicional ante los asesinos y para mostrar que la ciudadanía no desea que la sangre de Miguel Angel Blanco, y de tantos otros, haya sido derramada en vano ¿Atenderá el Gobierno la voz de la sensatez que emana de las gargantas de unos ciudadanos que sólo pretenden preservar la libertad, la dignidad y la continuidad del Estado de Derecho? o, por el contrario ¿volverá a deslizarse por el proceloso mar de la cesión y el pacto con los terroristas en un viaje sin retorno hacia los abismos más oscuros de la historia? No hay quien pueda responder esta pregunta con total certeza pero si este gobierno, o cualquier otro, osara retomar la senda marcada por los terroristas, es seguro que la marea ciudadana irá creciendo lenta pero inexorablemente hasta formar una gigantesca ola que, de forma irresistible, comenzará a exigir la devolución a los ciudadanos de aquellas parcelas de decisión que, encomendadas a los políticos, estos han gestionado en los últimos tiempos con manifiesto capricho y negligencia, sin la debida prudencia que el ejercicio de una potestad delegada por el pueblo, y no propiedad de los representantes, requiere.
martes, 3 de julio de 2007
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